ENTONCES....

Si te interesa conseguir los libros "Sueño de agua", Rapsodia (antología de El Mono Armado) o Jardines (libro de haikus compartido con Mariana Finochietto, escribime mail a poesiadelinterior@hotmail.com

JARDINES

miércoles, 9 de noviembre de 2011

LA FÁBRICA DE GOMAS DE BORRAR


Ilustración: Rótulo. Témpera de Xul Solar. 1960

No lejos de aquí había una fábrica de gomas de borrar. Era un negocio próspero para los dueños de la compañía. Pero los empleados estaban aburridísimos (el informe decía “stress laboral”).
Algunos renunciaban y se iban a trabajar a otras empresas que fabricaban reglas o compases, pero no la pasaban mejor.
Un día algunos de ellos (se dijo que todo comenzó por la administración),
buscando desesperadamente en los cajones “las doce del mediodía” encontraron la idea.
Es ilegal, emocionante, tal vez justo pensaron.
Todos los empleados fueron realizando pequeños cambios, sutiles sabotajes, modificaciones, al principio insignificantes, al mecanismo de producción y empezaron a salir gomas de borrar un poco raras, casi inútiles. Hasta que lograron su objetivo, y el producto final fue: lápices de colores. Primero cuatro o cinco colores distintos, chiquitos, simples. Después, perfeccionándose, llegaron a producir enormes variedades de lápices de colores que inundaron el mercado a bajo precio, porque habían logrado que las máquinas produjeran a una velocidad increíble. Compraron la fábrica a sus antiguos dueños.
Tan poco llegaron a valer esos magníficos lápices que todo el mundo comenzó a utilizarlos para cualquier cosa. Las señoras hacían la lista de las compras, los verduleros los usaban para sacar cuentas, los carpinteros marcaban la madera, y hasta hubo algunas maestras que llegaron a permitir a sus alumnos que escribieran sus cuadernos con colores en lugar de hacerlo con lapicera. Entonces, fue maravilloso ver cómo muchos adultos se pusieron a dibujar como cuando niños, y recuperaron la emoción perdida.
¿El final? La fábrica quebró, porque ellos no sabían de negocios, no conocían de marketing. Sólo tenían claro que no querían producir gomas de borrar, sino lápices de colores. Y allá van, felices, divertidos, ricos, con sus bolsillos llenos de pequeños restos de lápices cortitos, que ya no sirven para escribir, y que no se animan a tirar a la basura.
A veces se preguntan por la virutita de madera con borde de colores que cae de los sacapuntas, y los ojos se les llenan de lágrimas.

2 comentarios:

  1. poéticos lápices los tuyos amigo... una fiesta de colores... saludos!!

    ResponderEliminar
  2. La magia de los lápices de colores para enternecer al mundo. Me encantó lo de los lápices cortitos que apenas sirven, pero que no se animan a tirar a la basura. Eso es resistencia de muchos -me incluyo-; no sé, sería como tirar una parte de uno mismo o de los hijos.
    Bonita historia que se abre a múltiples significados.
    Saludos!

    ResponderEliminar